La innovación en la enseñanza supone “centrarse en el aprendizaje”. La tecnología enriquece, facilita y aporta nuevos modelos de gestión del conocimiento muy interesantes en el ámbito de la formación y de la actividad empresarial.

Tradicionalmente las actividades formativas se han organizado en torno a la “enseñanza”. Entendiendo enseñanza como la búsqueda de las formas para transmitir  contenidos o habilidades a los alumnos o a los participantes en las acciones formativas. Este modelo vertical en el que el flujo de información es de arriba hacia abajo, tiene unas limitaciones evidentes y en ocasiones desaprovecha, cuando no coarta, el desarrollo de capacidades esenciales en las personas y los grupos.

En el mundo de la pedagogía desde hace varias décadas existe una serie de autores que insisten en darle la vuelta a este esquema y ponen de manifiesto las numerosas ventajas que esto supondría. En el mundo de la educación infantil y juvenil ha habido y hay escuelas que han implementado en sus programas esta forma de trabajo en la que se tiene en cuenta el talento, los intereses y las peculiaridades de los alumnos facilitando un sistema en el que el protagonista del aprendizaje es quien aprende, y la institución el maestro son facilitadores y guías en ese proceso. Aprender a aprender, aprender a ser y aprender a compartir sustituyen o amplían al objetivo de aprender lo que se enseña.

Estas ideas han inspirado también al mundo de la empresa no solo para organizar acciones formativas sino para basar en ellas el modelo organizativo y productivo. Son modelos de éxito en gestión de las personas, del conocimiento y el talento, modelos que hacen de la innovación una prioridad y que logran su éxito en el mercado.

El punto clave en el que estamos en este momento es que el desarrollo tecnológico y estas aportaciones sobre el aprendizaje y la gestión del conocimiento se han encontrado.

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